domingo, 25 de octubre de 2015

Cruzando la calle

Laura estaba sentada en la mesita de su cocina y estaba tan enojada que hizo llover dentro de su casa; esto le sucedía cada vez que se sentía mal, algunas veces hacía que nevara, y en días especialmente malos podía prenderle fuego a algo si miraba y se concentraba con mucha intensidad, ella realmente necesitaba aprender a controlarse, a controlar sus poderes.

Pero cómo no enojarse si tu madre te llama cada día y pregunta por un esposo, o novio, o pretendiente, y te sugería que usaras magia para atraerlos. Ella no necesitaba un novio, estaba perfectamente bien con su gato, Azael.


Generalmente Laura se dedicaba a vender amuletos de amor, eran los que mejor le salían. Pero ¿usarlos en sí misma? No gracias, ella cree en el amor verdadero, ese que te hace sentir segura, feliz y hermosa.

Laura reflexionaba sobre todo esto, cuando al mirar por la ventanaun hombre alto y apuesto cargaba algunas cajas justo cruzando la calle, al parecer el amor en el que ella creía no estaba tan lejos después de todo.

Lo que dejo atrás

Hace mucho calor como todos los días en mi apartamento. Es pequeño pero acogedor, al entrar te podrías encontrar con una cocina a la derecha, en frente una pequeña sala/comedor y girando otra vez a la derecha mi cuarto, con mis libros, mi guitarra, mis películas, mis cosas sí, a las que les tengo mucho aprecio, ellas me han acompañado y apoyado mucho más que cualquier persona.

Me duele mucho dejarlas, dejar ese pequeño apartamento, que ha visto mis lágrimas, mis risas, mis altos y mis bajos, sé que tendré uno nuevo a donde voy, pero ninguno con mis recuerdos.


No puedo decirles a donde voy, ya que me tienen prohibido revelarlo, pero sí puedo contarles por qué, me persiguen porque conozco cosas que nadie más conoce, y probablemente si tu las vieras ellos se encargarían de hacerte olvidarlas, eso o de que el mundo se olvide de ti.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Vodka (Editado)

-No te creo, y jamas lo haré, así que vete.
-No seas tonta, sabes que te amo.
-Ja, claro, y se supone que debo creerte ¿no?
-Pero...
-Pero nada -le interrumpí- ¿Olvidame si? vete, encuentra a otra que te quiera, que le interese lo que tienes para decir, porque a mi, aquí donde me tienes no me interesa, no quiero escucharte, vete de una vez.
-Sam porfavor no seas tonta ¿Quieres dejar todos tus miedos de mierda y escucharme por una vez? Joder ya me tienes harto con toda esa mierda, no te creo, yo se que me amas, maldita sea.-me dijo mientras su voz se quebraba.

Pude notar que esta a punto de llorar, pero yo no, no quería y no porque no creyera en el amor, porque si lo hago, se que existe el amor, ese tipo de amor que te hace querer envejecer junto a la otra persona, contarle todo lo que haces, tus sueños, temores. Sé que existe pero jamas ha tocado mi puerta y con James dudo que sea distinto por eso prefiero que se vaya y me deje en paz no quiero verlo, no me interesa, no me importa.

-James por Dios tu no me amas solo crees que lo haces, ya has pasado por esto antes ¿te acuerdas? ¿Catlin y Anna?... ¿Qué me dices de Amber?.

- Pero...esta vez es distinto...lo se...lo siento...

- Ya, se acabo, he terminado de discutir contigo, fuera -le dije, mi expresión no había cambiado desde que él entro por esa puerta. Los jugadores de poker me felicitarían por la cara que tenia en ese momento, fría, implacable, simplemente no mostraba nada, absolutamente nada.

- Samanta...-suplicaba.

- Adiós.-le dije mientra lo empujaba. Aunque no se quería ir, no oponía resistencia, lo cual me alivió, ya que cuando de peleas se trata, este hombre le ganaría a una mole de 180 Kilogramos, cerré la puerta en su cara y se fue sin hacer ruido.

Exasperada, tome la botella de vodka de mi nevera, y le di un buen jalón, no había tiempo para buscar vasos, Dios, que horrible era....y no me refería al vodka.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Decidí no llorar

Y entonces decidí no llorar, porque sabia que si lloraba me habría perdido a mi misma...a mi misma en esos ojos azules como el océano, en esa boca dulce, que aun sin haberla probado, la había llegado a desear tanto, a esas manos que necesitaba como el café cada mañana. Así que, decidí no llorar, porque si lloraba estaría definitivamente e irrevocablemente enamorada, y el amor era un lujo que no me podía permitir

jueves, 30 de enero de 2014

"El autobus"

     Subí al autobús, buscando un puesto intermedio como cada viernes ¿Por qué me gustaba sentarme allí? pues si me sentaba muy atrás me mareaba y delante también así que encontré el puesto que tanto anhelaba me coloqué mis audífonos y mire hacia la ventana, usualmente solo cerraba la cortina y me dejaba llevar por la música, pero ese día, decidí observar el exterior y quién diría que lo vería a él, a aquel que me robó tantos besos, tantos sueños, tantas lagrimas. 

     Sentí como mi corazón se rompía un poco más cada segundo que lo observaba, pero no podía dejar de de mirarlo aunque sintiera mil cuchillos en mi pecho y mi estómago y recordara todo lo que pasamos juntos, quería llamarlo a gritos y preguntarle el por qué ¿por qué lastimó mi corazón y decidió acabar todo tan repentinamente?

     Esa junto a miles de preguntas cruzaban mi mente mientras estaba sentada allí deseando estar a su lado y la vez deseando olvidarme de él. De repente sentí que el autobús empezó a moverse alejándose cada vez mas de él; en ese momento una lagrima rodó por mi mejilla y me juré que sería la última.