Laura estaba sentada en
la mesita de su cocina y estaba tan enojada que hizo llover dentro de su casa;
esto le sucedía cada vez que se sentía mal, algunas veces hacía que nevara, y
en días especialmente malos podía prenderle fuego a algo si miraba y se
concentraba con mucha intensidad, ella realmente necesitaba aprender a
controlarse, a controlar sus poderes.
Pero cómo no enojarse si tu madre te llama cada día y pregunta por un esposo, o novio, o pretendiente, y te sugería que usaras magia para atraerlos. Ella no necesitaba un novio, estaba perfectamente bien con su gato, Azael.
Generalmente Laura se dedicaba a vender amuletos de amor, eran los que mejor le salían. Pero ¿usarlos en sí misma? No gracias, ella cree en el amor verdadero, ese que te hace sentir segura, feliz y hermosa.
Laura reflexionaba
sobre todo esto, cuando al mirar por la ventanaun hombre alto y apuesto cargaba
algunas cajas justo cruzando la calle, al parecer el amor en el que ella creía
no estaba tan lejos después de todo.